“La frustración es la nodriza de la violencia”.

David Abrahansen

Según la teoría de la frustración-agresión de los autores Dollard y Miller, tras la aparición de un sentimiento de frustración tiene que aparecer la agresión para que, de alguna manera “desinflemos” la ira que acumulamos. Después de sentir frustración, si acumulamos la tensión y la ira que nos produce, en cualquier circunstancia cuando nos sentamos mínimamente provocados descargamos conductas agresivas (entendiendo por conducta agresiva no solo la violencia física).

La hipótesis de la catarsis plantea que dar a las personas enfadadas la oportunidad de expresar sus impulsos agresivos de formas relativamente seguras reducirá sus tendencias a llevar a cabo formas más dañinas de agresión. Por ejemplo, Gonzalo se ha frustrado porque no ha conseguido superar un examen que llevaba mucho tiempo preparando y esto le hace tener rabia contenida. Según la hipótesis de la catarsis sería recomendable que Gonzalo fuera, por ejemplo, a un entrenamiento de boxeo donde pudiera descargar su rabia de forma segura para que así no explotara en otra circunstancia en la que pudiera verse mínimamente provocado.

La catarsis no funciona si es una persona la que ha provocado nuestro sentimiento de frustración y esta persona tiene una posición elevada. Siguiendo el ejemplo, el entrenamiento de boxeo de Gonzalo no tendría efecto si su enfado fuera dirigido contra su jefe o contra su padre.

La catarsis funciona dependiendo de las personalidades, existen algunas personas para las que, su forma de canalizar la frustración es a través de la ira pero otras personas prefieren reprimir la ira. 

La catarsis tiene también su parte negativa ya que en ocasiones la agresión puede llevar también a una mayor agresión.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.