Fue por primera vez el médico griego Hipócrates de Cos (460 – 377 a.C.) el que investigó las enfermedades mentales. Según él, aparecían por el desequilibrio de alguno de los cuatro fluidos del cuerpo (la sangre, la bilis negra, la bilis amarilla y la flema). Consideraba que este desequilibrio enfermaba a la persona. 

En la antigüedad sólo se reconocían como problemas de salud mental ciertos tipos de trastornos. Estos eran denominados como posesión demoníaca o psicosis. Parece irónico pero las guerras ayudaron a desarrollar el concepto de salud mental que tenemos en la actualidad. Tras las guerras mundiales, los soldados tuvieron problemas para volver a su vida cotidiana. El trauma de los acontecimientos vividos en el frente no les permitía llevar una vida plena y se comenzó a tratar lo que hoy conocemos como “trastorno de estrés postraumático”.

A partir del siglo XX empezamos a considerar problema de salud mental las adicciones, el estrés y las fobias entre otros. Los profesionales comienzan a considerar que las personas podemos presentar alteraciones en situaciones en las que enfrentemos ciertas tensiones, de esta manera todas las personas somos potenciales demandantes de ayuda profesional. Fue en 1940 cuando la OMS comienza a definir la Salud Mental como lo hacemos en la actualidad, hablando de un estado de bienestar y no solo de la ausencia de trastornos.

«La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades».

Entre 1950 y 1960 se desarrolló el estado del bienestar. En este proyecto de sociedad la salud así como la salud mental era una parte fundamental y formaba parte de los servicios esenciales. Este modelo se extiende por Europa y Canadá y, en cada país adaptan ese “estado de bienestar” a las necesidades y capacidades de cada estado. En los Estados Unidos también se intentaba implantar ese modelo de sociedad pero siguiendo políticas neoliberales dejaron los servicios sanitarios al ámbito de la empresa privada creando así un mercado de la salud y de la salud mental.

En esta reforma por la salud mental se fijaron cuatro objetivos:

-Cambiar la existencia de hospitales psiquiátricos por la creación de recursos en los barrios donde poder satisfacer las necesidades de las personas. Las personas con problemas de salud mental ya no necesitan ingresar en un hospital psiquiátrico, podían encontrar profesionales y ayuda en su entorno local.-La legalidad será reformada para asegurar que los pacientes con problemas mentales puedan ejercer sus derechos.-La sanidad acoge la psiquiatría como una disciplina más que se integra en la oferta de salud del estado de bienestar. Posteriormente la psicología también formará parte de esta oferta de servicios públicos.-Cambiar la forma en la que la sociedad percibió a las personas con problemas de salud mental. Para lograrlo debían eliminar los prejuicios creados en siglos anteriores alrededor de la enfermedad mental. Los pacientes no debían ser estigmatizados sino apoyados por la sociedad que les rodeaba.

También se desarrollaron en los años 70 nuevas herramientas que hoy son parte fundamental del enfoque de la salud mental. Se incluye la prevención como una forma de “tratar los problemas de salud mental antes de que aparezcan”. De esta forma surgen por ejemplo los programas de prevención de abuso de sustancias que hoy continúan funcionando en nuestros colegios e institutos. También se comienza a hablar de “población de riesgo” o “grupos vulnerables” refiriéndose a esas personas que, por su perfil o contexto, tienen más probabilidades de presentar problemas de salud mental que el resto de la sociedad.

Durante el siglo XXI se ha continuado desarrollando e investigando este modelo de salud mental propuesto en los años 70 pero no ha sido hasta la crisis de la covid-19 cuando se ha comenzado a visibilizar realmente los problemas de salud mental que sufre nuestra sociedad y en especial los jóvenes. Las redes sociales han ayudado a compartir y normalizar estas circunstancias que todas las personas hemos atravesado o atravesaremos alguna vez en la vida dando paso, por ejemplo, a iniciativas como ANOIA.

Ahora, solo nos queda mirar hacia el futuro y trabajar por asegurar cada vez más derechos para nosotros y las futuras generaciones en materia de bienestar emocional y salud mental.

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